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domingo, 4 de marzo de 2012

Programa de adopciones especiales en Galicia

Fuente: laopinioncoruña.es (26 de febrero de 2012)




Dos pequeños juegan en una casa de acogida de Galicia. / faiben

Son mayores de ocho años, forman parte de un grupo de hermanos o tienen alguna discapacidad física o mental. Este es el perfil de los menores que llevan años a la espera de una familia en las casas de acogida de Galicia. En la actualidad, hay dieciséis pequeños en esta situación ya que, según denuncian desde la asociación Faiben -que, junto con la Xunta, gestiona este tipo de adopciones-, "la mayoría de los padres solo quieren bebés". El proceso de adopción, en estos casos, suele ser más corto ya que apenas hay esperas y, en el momento en el que se concede el certificado de idoneidad, la demora puede limitarse a unos meses


MARÍA DE LA HUERTA | A CORUÑA Mientras cientos de gallegos esperan años, recorren miles de kilómetros e, incluso, viajan hasta la otra punta del planeta para adoptar un bebé, casi una veintena de menores ve pasar su infancia y adolescencia en casas de acogida de Galicia sin poder cumplir su sueño de formar parte de una familia. Son, en su mayoría, grupos de hermanos, pequeños con alguna discapacidad física o psíquica o niños que ya tienen cierta edad cuando su situación familiar se llega a clarificar. La Xunta colabora desde hace seis años con el programa de adopciones especiales Adoptar é Posible, de la Fundación de Apoio á Infancia e ao Benestar (Faiben), para buscarles un hogar. 

"En seis años, hemos encontrados familias para 26 menores y, en estos momentos, son dieciséis los niños y adolescentes que aguardan en casas de acogida a ser adoptados", explica el presidente de Faiben, Ángel Martínez, quien asegura que el proceso de adopción, en estos casos, suele ser más corto puesto que apenas hay esperas y, en el momento en el que la Xunta concede el certificado de idoneidad a la familia, imprescindible en cualquier adopción, la demora puede limitarse a unos pocos meses. "Al principio hay que hacer una reflexión muy profunda con los futuros padres. Después de la primera entrevista, si siguen adelante, se organiza un segundo encuentro en su casa, para conocerlos más a fondo", indica Martínez. 

El siguiente paso, cuatro sábados "de formación" con otros solicitantes y con una familia que ya adoptó y que les cuenta "lo rosa, lo bonito, pero también la parte más complicada". Luego, un año de acogimiento preadoptivo, antes de la integración plena. "Durante ese tiempo, unos dos años, la familia contará con el apoyo de nuestros técnicos, para ayudarles a resolver todas sus dudas y asesorarles en caso de que a los niños les cueste adaptarse o se produzca cualquier problema, por ejemplo, en el colegio", apunta el presidente de Faiben, y aclara: "Se ha establecido que el acompañamiento se prolongue dos años porque es el tiempo que habitualmente tarda en arreglarse todo el papeleo judicial", destaca. 

Martínez sostiene que la mayor parte de las parejas que se interesan por las adopciones especiales son jóvenes. "La edad media ronda los 40 años, y no siempre son parejas, sino que a veces se trata de mujeres, e incluso hombres, en solitario", indica, y continúa: "Cuando iniciamos el programa de adopciones especiales, pensábamos que el perfil mayoritario sería el de parejas mayores que ya tienen a sus hijos criados pero, sorprendentemente, no ha sido así", subraya el presidente de Faiben. 

Todos los menores que forman parte del programa de adopciones especiales proceden de un entorno desestructurado y, por ello, desde Faiben se destaca que los beneficios para estos pequeños, tanto a nivel afectivo como social, son innumerables. "Todos mejoran porque pasan de no tener a nadie a contar no solo con unos padres, sino también con unos abuelos, unos tíos, unos primos... a formar parte de una familia, con todos los derechos que eso conlleva, y a integrarse completamente en la sociedad", remarca Martínez, quien reconoce que quienes suelen tener más difícil ser adoptados son los grupos de hermanos y los adolescentes. "La gente cree que un chaval de 15 o 16 años ya está formado y eso les da miedo, pero no es así. De hecho, le va a dar el mismo cariño que cualquier otro hijo, o incluso más", afirma. 

Uno de los objetivos fundamentales de Faiben es minimizar al máximo el posible rechazo de niños o padres. Y es que, de los 26 menores que salieron de este programa de adopciones especiales, cinco no concluyeron el proceso. 

Las personas interesadas en recibir información, sin compromiso, sobre el programa de adopciones especiales pueden hacerlo en la web www.faiben.org, en el teléfono 902 404 224 o a través del correo electrónico faiben@faiben.org.

viernes, 2 de marzo de 2012

Mejorar la preparación de los futuros padres adoptantes para evitar abandonos de niños adoptados

Fuente: EuropaPress.es (20 de febrero de 2012)


Niños congoleños esperan su ración en un campo de refugiados
Foto: REUTERS
Psicólogos expertos en procesos de adopción y postadopción de menores han clamado este lunes contra el abandono de 72 niños en una década en Cataluña, y han reclamado mejorar las valoraciones de idoneidad para evitar nuevos casos en el futuro entre una población infantil vulnerable y que ya ha sufrido un abandono previo.
   Como avanzó en una entrevista concedida a Europa Press el conseller de Bienestar Social y Familia de la Generalitat, Josep Lluís Cleries, el 66,7% de estos niños desamparados tienen más de de 10 años, "lo que aún dificulta más su futuro en una familia de acogida debido a su edad".
   En declaraciones a Europa Press, la directora y psicóloga gallega del Centro de Atención Familiar e Infantil (Cafi), Paula Martínez, ha defendido la necesidad de mejorar los tests psicológicos y las valoraciones de idoneidad para discriminar todavía más a las personas que realmente están preparadas para abordar un proceso adoptivo.
  "Los tests se pueden mejorar, pero las pruebas deberían ir más allá para reconocer si los futuros padres están realmente preparados para abordar una situación de maltrato y abandono", ha subrayado la psicóloga, para quien además debería incidirse en la fase previa de estudio del niño para buscar familias para niños concretos y no al revés.
   Martínez ha alertado sobre las expectativas falsas que a menudo recrean algunas familias, que en algunas ocasiones no se dan cuenta de que piden niños a la carta.

MÁS PREPARACIÓN

   La coordinadora del Servicio de Postadopción Blanquerna y experta, Berta Boadas, ha pedido que se alargue el proceso de formación y aprendizaje que ahora la Generalitat quiere pasar de un fin de semana intensivo a cuatro días separados.
   En declaraciones a Europa Press, Boadas ha señalado que "no se trata tanto de endurecer la consecución de los certificados de idoneidad como de profundizar y alargar más el proceso para que el aprendizaje sea más reposado y más significativo".

CIFRA "ELEVADA Y EXCESIVA"

   Tanto Boadas como la coordinadora de la Fundación Eulàlia Torres de Bea, Montse Rius, --una de las fundaciones que ahora se encargará de estos procesos formativos-- han significado la "elevada y excesiva" cifra de 72 menores abandonados, que no retornados, porque resaltan que los hijos no se pueden devolver.
   Las tres expertas en procesos adoptivos han lamentado las consecuencias graves que puede provocar un segundo abandono en estos menores, ya traumatizados por una situación similar anterior y de la que difícilmente se podrán recuperar.
   Rius ha resaltado que esta situación es un "fracaso de los adultos", de los padres y de los profesionales que han intervenido en el proceso, pero en ningún caso es un fracaso de los menores.
   Tras admitir las complicaciones añadidas que puede tener un adoptado adolescente, Rius ha pedido la identificación de unos indicadores de riesgo para que los padres pidan ayuda a los profesionales, que también es necesario que ayuden al seguimiento del proceso postadoptivo.
   Paula Martínez incide en la necesidad de comprender que la "mochila" con la que cargan los niños en la adolescencia es mucho mayor en estos casos.
   Previa llegada de la adolescencia es necesario trabajar a fondo en el tema identitario y del trauma que ha sufrido el niño, a sabiendas de que el objetivo de eliminar el sentimiento de culpa del menor es básico para que éste pueda salir adelante.

sábado, 18 de febrero de 2012

Niños mayores

Estoy un poco harta de ciertos comentarios que tengo que oír un día sí y otro no sobre los problemas y la mochila de los niños mayores... Sé que son bienintencionados, pero son igualmente el fruto de una desinformación y un desconocimiento tan absoluto de lo que es la adopción que me repatean. 

En la adopción, cada niño es un mundo, les digo. Pero no se convencen. También les digo que influye mucho la actitud, las pautas, la forma de vida y la educación que la futura familia adoptiva les ofrezca. Pero no hay manera. 

Y sin embargo, mi experiencia personal me reafirma. En mi familia tenemos los dos extremos de la adopción: niña mayor adoptada con 9 años y un bebé, también adoptado, con año y medio. Ningún problema con la mayor. Todos los problemas del mundo con el pequeño. Los dos tuvieron traumas. Los dos sufrieron. Nos consta. La mayor durante más años que el pequeño. Pero a diferencia de éste, la mayor es capaz de verbalizar sus traumas. Podemos ayudarle. El pequeño ni siquiera los recuerda, pero eso no los borra, y supone que tendrá que aprender a vivir con cicatrices cuyo origen nunca sabrá a ciencia cierta. No podrá nombrarlos. Y lo que no se puede nombrar, difícilmente se puede combatir....

Y tantos y tantos ejemplos similares más en nuestro entorno...

¿Qué también hay niños adoptados mayores con problemas? Por supuesto. Pero en los casos que conozco en mi entorno, tienen una gran parte de culpa los propios padres adoptantes. Padres desinformados (sí, a la adopción también se llega a veces desinformado, igual que a la paternidad biológica). Padres que trajeron a un niño/a con 6 o más años desde el tercer mundo al primero y durante los primeros meses o incluso años de vida en común le dieron todo: todos los vicios, todos los caprichos, todos los derechos. Ningún límite, ninguna obligación... Y luego el niño adoptado mayor se convierte en un tirano... Pero, ¿cuál es la causa de su tiranía? El haber sido adoptado de mayor o el vicio y la falta de límites que encontró en su familia adoptiva. 

Si hay que buscar causas a las adopciones fallidas de niños mayores, todos (los padres adoptantes también) tendríamos que hacer un poco de autocrítica....

miércoles, 12 de octubre de 2011

La adopción de niños mayores: algunas experiencias de familias argentinas

Clic para ampliarFuente: ElDia.com (9 de octubre de 2011)

Muchas parejas optan por formar una familia sin importar la edad de los chicos que adoptan. Historias en La Plata de una realidad que no es tan rara como se cree
Las vidas de Atilio Senigagliesi y Nicolás Benítez no podrían ser más distintas. La de Atilio, dedicada casi por completo a la abogacía, es hoy una vida sin sobresaltos y al amparo de una jubilación; la de Nicolás, que tiene 18 años y nunca conoció a su papá, ha sido mayormente la vida a la intemperie de un chico de la calle. Así de distintas, ambas se encontraron sin embargo en marzo de este año cuando una conocida en común los presentó. No se parecen en nada pero los une el mismo deseo, el de tener una familia; y con ese deseo van camino a convertirse en padre e hijo.
abre comillasYa al cumplir los once años, las chances de un chico de encontrar una familia adoptiva se reducen a menos del 1% de los interesados en adoptarcierra comillas
Si tener un hijo implica siempre un desafío, decidir adoptarlo siendo éste ya grande constituye un reto que muy poca gente parece hoy dispuesta a asumir. Es así que ya al cumplir los ocho años, las chances de un chico de encontrar una familia adoptiva en nuestro país se reducen al 5% de los candidatos inscriptos en el Registro de Adopción; y al pasar los 11, a menos del 1% de ellos.
Aunque los reparos que existen en torno a la adopción de chicos grandes son diversos y absolutamente legítimos, muchos especialistas aseguran que en su mayoría están fundados en prejuicios: el prejuicio de que las experiencias de abandono vividas por esos chicos no se pueden superar, el prejuicio de que a determinada edad ya es muy difícil educarlos en los propios valores, o incluso el prejuicio de que no llegan jamás a amar a sus padres adoptivos.
Prejuicios o no, el hecho es que "la paternidad, tanto biológica como adoptiva, nunca ofrece seguridades plenas; es siempre una aventura", sostiene la licenciada Martha Caselli, a quien treinta años de experiencia en adopción le han enseñado que "las adopciones de chicos grandes resultan en general muy exitosas". Ahí está para reafirmarlo la historia de Atilio y Nicolás, o la de Sabrina y Gustavo Forte con sus hijas Máxima y Ayelén, historias que muestran que cuando existe el deseo compartido de tener una familia, todo lo demás son meros escollos.
ATILIO Y NICOLAS
Bajo tutela judicial desde muy chico, los primeros recuerdos de Nicolás Benítez son los de un instituto de menores de Wilde del que apenas se acuerda porque su infancia transcurrió más bien en la calle. Con un padre al que no llegó a conocer y una madre que nunca se ocupó verdaderamente de él, se crió en Avellaneda comiendo lo que podía y durmiendo en trenes hasta sus doce años, cuando la Justicia resolvió volver a internarlo como una medida de protección.
Tras cuatro años en un hogar asistencial de Longchamps y ya a una edad en la que los chicos difícilmente llegan a ser adoptados, Nicolás decidió escaparse para volver a la calle. Pero aún así siguió en contacto con Gloria, la mujer que había sido su madrina en el hogar y quien le hizo llegar a principios de este año una inesperada propuesta: alguien quería conocerlo y tal vez convertirse en su papá. Aunque a meses de cumplir la mayoría de edad y con su causa asistencial ya cerrada, Nicolás aceptó.
"Empezamos a escribirnos por correo electrónico. Gloria, que comparte conmigo un grupo de Facebook sobre adopción, me había hablado muy bien de Nicolás y me dieron ganas de conocerlo. No me importaba que fuera grande, porque a mi edad nunca se me hubiera ocurrido adoptar a un nene chiquito", dice Atilio, que tiene 61 años y vive en Los Hornos.
"La situación era rara, pero nadie me obligaba a nada; podía quedarme en la calle o podía tener una hogar, no sé... quise ver cómo era...", dice Nicolás tratando de explicar lo que lo llevó aceptar la propuesta de ser adoptado y mudarse a la casa de Atilio en mayo último, a semanas de alcanzar su emancipación.
Hoy dos adultos con historias distintas y tratando de convertirse en padre e hijo, no cabe entre Atilio y Nicolás hablar de emociones. Pero a falta de palabras, algunos gestos parecen suficientes para hacer posible su mutuo deseo de conformar una familia. En agosto último, Nicolás rindió por pedido de Atilio dos de las tres materias que le quedaban pendientes para completar noveno año. Atilio lo llevó entonces, por primera vez en su vida, a jugar al fútbol en un club. Entre los dos acaban de presentar el pedido de guarda tutelar preadoptiva, el primer paso para formalizar su familia.
AMOR A PRIMERA VISTA
Como muchas parejas que deciden adoptar hijos, Sabrina Longas y Gustavo Forte respondieron casi automáticamente que deseaban un bebé cuando en 2008 el personal del juzgado les preguntó por el perfil de niño que aceptarían en adopción. Sin embargo al enterarse de que tal vez pasarían diez años antes de que pudieran ver materializado ese deseo, empezaron a considerar la idea de adoptar un niño más grande, aunque no sin algo de miedo.
"Nos preguntábamos si le sería posible a un chico más grande integrarse a nosotros, qué lugar ocuparíamos en su vida, cómo nos vería como padres... Pero lo cierto es que esos miedos estaban más en nosotros que en la realidad; cuando tenés la realidad enfrente los miedos se van. Además, si hubiéramos sostenido esos miedos nos habríamos perdido esto. Jamás me lo hubiera perdonado", dice Sabrina, que es psicóloga.
"Esto" es lo que ocurre alrededor de la mesa del comedor de la casa de Los Hornos donde tiene lugar la entrevista: Máxima, de 8 años, y su hermana, Ayelén, de 6, juegan y se ríen despreocupadamente aunque son conscientes de que se está hablando de ellas. Pero "ésto" es también lo que Sabrina y Gustavo sienten al observarlas jugar así; lo mismo que sintieron hace dos años cuando las vieron por primera vez en un hogar convivencial de El Pato entre un montón de otros niños: "amor a primera vista", dicen.
Propio de una historia de amor, la de los Forte y sus hijas estuvo "plagada de señales". "Era el día del cumpleaños de Sabrina cuando nos llamaron del Hogar Nomadelfia para decirnos que había dos hermanitas a las que tal vez nos interesara conocer. Fue automático, apenas nos contaron de ellas nos largamos a llorar porque sabíamos que eran a ser nuestras hijas", cuenta Gustavo, que trabaja en una concesionaria de autos.
El hecho es que así como ellos supieron que iban a ser sus hijas, Máxima y Ayelén los eligieron como padres. "Ya al tercer encuentro que tuvimos con ellas nos llamaban mamá y papá sin que nosotros se lo hubiéramos pedido. Es una de las ventajas de adoptar chicos más grandes: conociendo su historia, ellas eligieron otra cosa: nuestra familia. De hecho, las dos nos viven diciendo que hubieran querido nacer de mi panza y nosotros les decimos que nacieron de nuestro corazón", relata Sabrina.
El vínculo entre las chicas y sus nuevos papás se dio con tanta naturalidad que en noviembre de 2009, apenas dos meses después de haberse conocido, ya obtuvieron el egreso del hogar y en diciembre de 2010 la sentencia de adopción. Durante ese tiempo, una canción infantil que sonaba constantemente en la tele, les ayudó a compartir lo que todos sentían en aquella casa; "los niños llegan al mundo de diferentes maneras/ llegan y cambian la vida de aquellos que los esperan/ no importa de dónde vengan, qué idioma traigan sus venas/ si tus ojos se emocionan sabés que valdrá la pena", canta Sabrina y al observar a sus hijas dice que volvería a elegirlas todos los días de su vida.

martes, 22 de febrero de 2011

Claves para adoptar con éxito un niño mayor

Fuente: ElTiempo.com (15 de febrero de 20119

Llevar un niño mayor de 4 años a casa implica compromiso y respeto por la historia del menor.

Cuando un niño mayor de cuatro años llega a su nuevo hogar por medio de la adopción, el verdadero reto para sus padres es poder empezar de cero con él y construir un vínculo real y fuerte, más allá de los prejuicios que lo pueden encasillar como un menor 'problema', con traumas y manías difíciles de manejar.
Si bien es cierto que a esa edad ya tiene una historia de vida que recuerda y que en la mayoría de los casos ha sido complicada -por abandono, maltrato o muerte trágica de sus padres biológicos-, también lo es que en las instituciones especializadas se revelan previamente estas condiciones a los futuros padres adoptivos, para evaluar si pueden tolerarlas o no.
Lo mejor, y así se hace tanto en el Icbf como en las instituciones privadas, es preparar a los nuevos padres y fortalecer su salud mental para las pruebas a las que, seguramente, los va a someter su nuevo hijo.
Él, por lo general, querrá comprobar si en ese hogar se le quiere o no, algunas veces pondrá en duda las normas de autoridad; en ocasiones impedirá el contacto físico (más si fue víctima de rechazo o maltrato), se resistirá a decirles "papá" y "mamá" o, incluso, tendrá más empatía con alguno de los dos y, sin querer, tenderá a dividir la pareja.
"Esos comportamientos son normales, pues el niño intenta imponer su manera de ser en ese nuevo espacio y tiende a generar un conflicto. Lo importante es saber que este tipo de relaciones se construyen poco a poco y que es el adulto el responsable de hacerlas sólidas, pues el menor, por su condición, no tiene las herramientas para hacerlo", dice Pilar Azuero, preparadora y evaluadora de padres, de La Casa de la Madre y el Niño.
Las profesionales sugieren ser muy observadoras, tratar de conquistar al niño y sintonizarse con él, como cuando una pareja empieza a bailar y a pesar de que se den pisotones al principio, encuentran su ritmo común y disfrutan de la música. Pero no hay una fórmula mágica. Lo único cierto es que desde que el niño llega a su nuevo hogar ya forma parte de él, con todas las características físicas y los rasgos de su personalidad.
Como lo asegura Gina Gil, psicóloga de la regional Bogotá del Icbf, "lo más importante es asegurarle que esa, su nueva familia, va a ser incondicional con él siempre, a pesar de los errores que cometa o de las pataletas que haga, y cumplirle esa promesa".
El proceso de adaptación de un niño a su nueva familia dura lo que se demora en generar empatía con ella. Algunas veces es inmediata y en otras, aunque haya tropiezos en el camino, los protagonistas de la historia hasta terminan pareciéndose a sus padres físicamente en rasgos y ademanes, y los niños, siendo líderes en el colegio y en su grupo de amigos.
"Es cuestión de voluntad y paciencia. El niño que llega no pertenece originalmente a la familia, pero se vuelve parte de ella, como cuando una pareja se casa: no son de la misma familia, pero por medio del amor se acostumbran a vivir juntos", dice Inés Elvira Cuéllar, coordinadora de familias adoptivas de La Casa de la Madre y el Niño.

Ventajas para los padres mayores de 40 años
Las ventajas de adoptar un niño mayor de 4 años son innumerables, en particular para aquellos padres de más de 40 años, que ya no tienen la energía ni disponibilidad de lidiar con un recién nacido.
El niño mayor de cuatro años enriquece la vida de su familia adoptiva con su carácter y sus historias, a esa edad ya tiene bien definida su personalidad y se puede identificar con claridad su cuadro de antecedentes médicos, es más independiente pues come solo, va solo al baño, se viste sin ayuda de nadie y disfruta planes que los bebés aún no conocen. Y lo más importante, anhela ser adoptado e iniciar de cero su historia de vida con unos padres que lo quieran y lo respeten.

LO QUE SÍ SE DEBE HACER
Los profesionales sugieren  Aprender a oírlos  y a conocer su vida pasada, por más traumática y conflictiva que esta haya sido. Construir en familia el concepto de que la adopción es positiva y de que al niño lo esperaron con amor y lo aceptan como es. Permitir, sin exagerar,  egresiones que los niños tienen cuando inician la nueva vida: mojarse en la cama, tomar tetero, que lo alcen como a un bebé. Compartir  la hora de la comida con su hijo. Celebrar un ritual para legalizar la presencia del niño en la familia y que todos lo reconozcan como nuevo miembro.
Poner límites  con cariño para ayudarle a que se convierta en un adulto seguro e independiente. Dejarlo opinar  sobre las actividades que quiere hacer con sus padres: ir al parque, pintar, leer, jugar, ver televisión, etc.
Padre y madre deben alternarse los roles para cuidarlo. Q ue los dos se comprometan con la responsabilidad de tener un nuevo miembro en la familia. Apostarle  a que confíe en sus padres y que los abuelos, tíos y primos no intervengan tanto.

LO QUE NO SE DEBE HACER
Evitar al máximo decirles a todo que sí,  por pesar o por compensar el sufrimiento de su vida anterior. Lo mejor es que cree rutinas y un orden en la casa. Reaccionar  frente al niño si dice cosas como "no te quiero", "no eres mi mamá", "eres fea, mala".  Ese tipo de expresiones son normales en el período de adaptación y deben asumirse racionalmente.
Ponerlo al día abruptamente en actividades con las que el niño no está habituado. Eso genera rechazo y miedo a lo desconocido. Al menos al principio, llevarlo a reuniones familiares grandes en donde todos quieren consentirlo y demostrarle su cariño en exceso. Esperar que el niño  actúe de acuerdo con las expectativas o necesidades del adulto.
Decir que no es su hijo, pues desde el momento en que lo adoptó asumió su paternidad. Tratarlo como adulto, no importa la madurez ni la edad que tenga, sigue siendo un niño. Amenazarlo con el abandono si no se porta bien; eso desencadena reacciones fatales.
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